EDITORIAL
Hablemos de Comunicación, el gran
fetiche de la sociedad moderna, enfrascado cada vez más en cantidad, pobreza, olvido y
guerra, “COMUNICACIÓN”, el gran
dilema, dígase pues con orgullo y severidad, como el hombre moderno comunica,
se encuentra preso en un proceso que considera el más grande de la era sin
darse cuenta que esto es solo ficción.
Y es que la formación de individuos no
se ha producido al paralelo con el
avance desarrollado de la técnica, más bien su efecto ha sido una saturación de
información LA GRAN PARADOJA DE LA INCOMUNICACION, de nuestro tiempo y consecuentemente la angustia y la neurosis
progresiva del hombre contemporáneo.
Por ello es necesario que el hombre
aprenda a analizar con independencia y espíritu crítico los mensajes para poder
y saber actuar con libertad.
Hoy
en día, nos gloriamos de nuestra comunicación, los grandes avances
tecnológicos, internet en tus manos, siempre y en todo logar, tecnología, las
redes sociales, los medios de comunicación masiva, y aunque no todo es malo,
pues sabemos que fueron creados con fines altruistas; ayudar a
afianzar los valores humanos, facilitar la formación del individuo para que se
refuerce la personalidad individual, fortalecer los lazos de comprensión entre
hombres, pueden hacer más humanas la relaciones, acercar al conocimiento mutuo
entre los pueblos, así como fortalecer la cultura tanto autóctona como la
universal. La raíz del problema radica en el mal uso que les damos; Pues la
comunicación y el uso que el hombre les ha dado en su mayoría han logrado
atrofiar el sentido moral y el religioso, favorece el orgullo y la vanidad, y
degenerar al individuo, la familia y la sociedad.
¿Son en realidad estos medios de
comunicación, el reflejo del gran desarrollo del ser humano, de la sociedad?
¿Ha evolucionado como individuo el hombre, ha mejorado los lazos familiares,
tenemos una mejor sociedad, gracias a ello? Desgraciadamente No.
Tan solo vistazo a nosotros mismos, a
nuestra sociedad, el hogar al que
pertenecemos hace tan severamente
resumir que simplemente se encuentra
en el mismo lugar donde un día empezó, o
catastróficamente peor a millones de distancia de donde un día empezó; pues el
que no adelanta, retrocede, la vida es dinámica no estática.
¿Dónde estamos? ¿Qué es lo que comunicamos? ¿Es en realidad nuestra comunicación, un mensaje efectivo? de tal magnitud que transforma corazones, persuade, transforma
pensamientos, vidas, que hace eco hasta el más allá? O es simplemente vanidad ilusoria, ficción que dificultosamente logra salir de nuestros labios, y se esfuma como el aire?
Daremos un paseo, en nuestro hogar, que hacen los niños en su
tiempo libre? ¿Leen? ¿Son instruidos por
sus padres?, Los padres ¿Se ocupan de
sus hijos? ¿Les dedican tiempo de calidad?,
o simplemente les abandonan a un frio aparato de televisión, o computadora, en
donde los pupilos son los dueños y señores de lo que ven y deciden hacer.
Recordemos pues que siendo la familia
la base de la sociedad, no podemos dejarnos invadir, por tecnologías, ya que por muy útiles que parezcan,
sumergirnos inconscientemente en ellas
olvidando los valores
fundamentales de la vida.
Acaso no es más valioso tu comunicación
, cuando dedicas tiempo a los tuyos, cuando te entregas con amor a cada una de las
tareas que te han sido encomendadas, a tu sociedad, familia, a tu patria; ¿No es más importante el mensaje que transmites; cuando en la adversidad no
críticas, sino escuchas, valoras, reflexionas y reconstruyes sobre las cenizas
lo que parece no tener sentido, en el trágico
momento en el que todo se
derrumba, y que con un abrazo dices aquí
estoy, yo “TE AMO” a tu hijo, a tu
madre, a tu prójimo, a tu Dios, aunque él nunca se equivoque.
Y es que comunicamos, queramos o no,
siempre comunicamos, cuando ríes, cuando lloras, cuando callas, cuando piensas,
comunicas y humanamente está ligado a nosotros, no podemos prescindir de ello.
Es en realidad nuestra comunicación, el reflejo de nosotros mismos, de
nuestra sociedad, de nuestro diario vivir, o más aun el reflejo de nuestros
anhelos, sueños o deseos, pues es bien dicho: “El hombre es el reflejo, de sus pensamientos, de aquello que egoístamente alberga en su corazón”