domingo, 13 de noviembre de 2011


EDITORIAL
Hablemos de Comunicación, el gran fetiche de la sociedad moderna, enfrascado cada vez  más en cantidad, pobreza, olvido y guerra,  “COMUNICACIÓN”,  el gran dilema, dígase pues con orgullo y severidad, como el hombre moderno comunica, se encuentra preso en un proceso que considera el más grande de la era sin darse cuenta que esto es solo ficción.
Y es que la formación de individuos no se ha producido al paralelo  con el avance desarrollado de la técnica, más bien su efecto ha sido una saturación de información LA GRAN PARADOJA DE LA INCOMUNICACION,  de nuestro tiempo  y consecuentemente la angustia y la neurosis progresiva del hombre contemporáneo. 
Por ello es necesario que el hombre aprenda a analizar con independencia y espíritu crítico los mensajes para poder y saber actuar con libertad.
Hoy en día, nos gloriamos de nuestra comunicación, los grandes avances tecnológicos, internet en tus manos, siempre y en todo logar, tecnología, las redes sociales, los medios de comunicación masiva, y aunque no todo es malo, pues sabemos que fueron creados con fines altruistas; ayudar a afianzar los valores humanos, facilitar la formación del individuo para que se refuerce la personalidad individual, fortalecer los lazos de comprensión entre hombres, pueden hacer más humanas la relaciones, acercar al conocimiento mutuo entre los pueblos, así como fortalecer la cultura tanto autóctona como la universal.  La raíz del problema radica en el  mal uso que les damos; Pues la comunicación y el uso que el hombre les ha dado en su mayoría han logrado atrofiar el sentido moral y el religioso, favorece el orgullo y la vanidad, y degenerar al individuo, la familia y la sociedad.
¿Son en realidad estos medios de comunicación, el reflejo del gran desarrollo del ser humano, de la sociedad? ¿Ha evolucionado como individuo el hombre, ha mejorado los lazos familiares, tenemos una mejor sociedad, gracias a ello? Desgraciadamente No.
Tan solo vistazo a nosotros mismos, a nuestra sociedad, el hogar  al que pertenecemos  hace tan severamente resumir que simplemente  se encuentra en  el mismo lugar donde un día empezó, o catastróficamente peor a millones de distancia de donde un día empezó; pues el que no adelanta, retrocede, la vida es dinámica no estática.
¿Dónde estamos?  ¿Qué es lo que comunicamos?  ¿Es en realidad nuestra comunicación, un  mensaje efectivo? de tal magnitud  que transforma corazones, persuade, transforma pensamientos, vidas, que hace eco hasta el más allá?  O es simplemente  vanidad ilusoria, ficción  que dificultosamente logra salir de  nuestros labios, y se esfuma como el aire?
Daremos un paseo,  en nuestro hogar, que hacen los niños en su tiempo libre? ¿Leen?  ¿Son instruidos por sus  padres?, Los padres ¿Se ocupan de sus hijos?  ¿Les dedican tiempo de calidad?, o simplemente les abandonan a un frio aparato de televisión, o computadora, en donde los pupilos son los dueños y señores de lo que ven y deciden hacer.
Recordemos pues que siendo la familia la base de la sociedad, no podemos dejarnos invadir, por tecnologías,  ya que por muy útiles que parezcan, sumergirnos inconscientemente en ellas  olvidando  los valores fundamentales de la vida.
Acaso no es más valioso tu comunicación , cuando dedicas tiempo a los tuyos, cuando te entregas con amor a cada una de las tareas que te han sido encomendadas, a tu sociedad,  familia, a tu patria;  ¿No es más importante el mensaje que  transmites; cuando en la adversidad no críticas, sino escuchas, valoras, reflexionas y reconstruyes sobre las cenizas lo que parece no tener sentido, en el trágico  momento en el  que todo se derrumba, y que con un abrazo  dices aquí estoy, yo “TE AMO”  a tu hijo, a tu madre, a tu prójimo, a tu Dios, aunque él nunca se equivoque.
Y es que comunicamos, queramos o no, siempre comunicamos, cuando ríes, cuando lloras, cuando callas, cuando piensas, comunicas y humanamente está ligado a nosotros, no podemos prescindir de ello.
Es en realidad nuestra comunicación, el reflejo de nosotros mismos, de nuestra sociedad, de nuestro diario vivir, o más aun el reflejo de nuestros anhelos, sueños o deseos, pues es bien dicho: “El hombre  es el  reflejo, de sus pensamientos, de aquello que egoístamente  alberga en su corazón”